martes, 22 de octubre de 2013


OCTUBRE EN LDU: Colaboración a cargo de Charo Cortes (relato)



Octubre en LDU presenta: un nuevo aporte. Al final de la entrada están los datos de la autora, a quien agradecemos su colaboración en el especial.





LUCRECIA
Por CHARO CORTES


  El día del entierro de su abuela, Lucrecia se desmayó cuando el cura esparció agua bendita encima del ataúd y empezó a salir humo apenas las gotas tocaban la madera. Nadie pareció advertirlo excepto ella. Su madre lo achacó a la intensa emoción del momento pero Lucrecia estaba segura de lo que había visto. La muerte de su abuela había sucedido en extrañas circunstancias. Lucrecia la encontró tumbada en la cama, desnuda, con los brazos en cruz y las piernas abiertas. Su abuela era joven y guapa todavía, solo tenía 56 años y aún conservaba una larga melena negra con algunas hebras blancas. Cuando Lucrecia la encontró muerta, su pelo era completamente blanco y su cara tenía una expresión de horror indescriptible, como si hubiera muerto de miedo. El médico certificó un ataque al corazón.
   De eso hace cinco años durante los cuales Lucrecia ha estado estudiando en Londres y recuperándose de la etapa de sombras en que se había convertido su vida desde la muerte de su abuela. Algo extraño había pasado pero todos habían hecho un pacto de silencio para que ella no se enterara de nada. Lo presentía. Cuando regresó a la ciudad decidió irse a vivir sola a la casa de su abuela que permanecía desocupada, en contra de la opinión de su madre que quería que se fuera a vivir con ellos.
    Es una casita de planta baja, situada en un principio en las afueras de la ciudad pero que ahora queda muy cerca del centro y que no ha sucumbido a la especulación inmobiliaria, algo inaudito teniendo en cuenta que es la única de sus características que queda en la zona. Cuando esta mañana ha cruzado la puerta  por primera vez después de tanto tiempo una gran congoja se ha apoderado de ella al momento. Son tantos los recuerdos que se agolpan en su cabeza que incluso le parece sentir en cada rincón la presencia de su abuela. Siempre habían estado muy unidas hasta que la extraña muerte se la llevó. Mientras estuvo en Londres ni una sola vez había vuelto a la casa, su madre se había encargado de retirar toda la ropa, muebles y enseres demasiado viejos o estropeados para una casa que pensaban alquilar. Es una suerte que nadie lo hubiera hecho. Ahora, sumida en un ataque de llanto, no está segura de haber tomado la mejor decisión de su vida.
   La cama que ocupara su abuela en vida ha sido cambiada por otra más moderna y ligeramente más pequeña por lo que las losetas que antes estaban ocultas ahora quedan al descubierto. Una entre las demás ha llamado poderosamente su atención. Cinco manchas negras del tamaño de un céntimo de euro formando un círculo. Aunque ha intentado  limpiarlas, al principio desaparecen  pero una vez el suelo se seca vuelven a salir.




   El día ha sido agotador tanto física como emocionalmente, sin embargo, lleva más de una hora en la cama y aún no ha logrado conciliar el sueño. Vaharadas de un olor fétido llegan hasta su nariz sin duda provenientes de las tuberías anticuadas y en desuso. Cansada de dar vueltas decide levantarse a tomar un vaso de leche. Una ligera claridad entra por la ventana, pone su pie desnudo en el suelo y una sensación viscosa y fría le hace retirarlo como un resorte. Enciende la luz pero no ve nada aunque le parece distinguir la figura oscura de una estrella de cinco puntas en la loseta que tiene las manchas. Sin duda ha sido un efecto óptico provocado por la adaptación a la luz, piensa, aunque mirando más de cerca descubre unas pequeñas hendiduras que unen los cinco puntos entre sí formando un pentagrama que aquella mañana no estaba o que ella no había apreciado. Se toma el vaso de leche y vuelve a la cama. No podría decir si se ha dormido durante un rato o ha permanecido  en un estado de semiinconsciencia en el que tan pronto  sudaba a mares como estaba muerta de frío hasta el punto de que de su boca salían nubecillas de vaho y sus dientes castañeteaban sin poder contenerlos a pesar de ser una de las noches más calurosas del año. El sonido de unas voces  lejanas  la hace  volver otra vez a su estado de plena atención. Aguza el oído y poco a poco localiza el sitio exacto de donde provienen. Es como si la loseta fuera un altavoz por el que se escuchan gritos y lamentos. Un escalofrío recorre su cuerpo, pero está acostumbrada a pensar racionalmente y deduce que se tratará de maullidos de gatos que de momento  no acierta a explicar. La casa es muy vieja y es posible incluso que exista algún refugio secreto debajo de la época de la guerra civil. Tendrá  tiempo de investigar. Pero reconoce una voz entre todas ¡Dios mío! Es la voz de su abuela, ahora está segura, la oye lejana pero es ella ¡Huye Lucrecia!, le parece escuchar, y se queda paralizada intentando entender entre las voces. Ahora está asustada, el corazón le ha dado un vuelco y amenaza con salírsele por la boca ¡Huye Lucrecia, huye!, vuelve a escuchar, pero ya es demasiado tarde. La puerta y la ventana se cierran con fuertes golpes. Intenta abrirlas pero  de pronto parece metida dentro de un huracán que la arrastra hasta la cama. Un torbellino de humo negro sale por el pentáculo que ahora se distingue claramente en la loseta y la figura de un gran macho cabrío se va formando delante de ella. Intenta moverse pero está paralizada, siente los ojos a punto de estallar dentro de sus órbitas y una mueca se forma en su boca que quiere lanzar un grito que no llega a salir. Unas garras  le separan las piernas y algo frío como un témpano de hielo se introduce en sus entrañas desgarrándola por dentro y entiende, entiende por fin lo que le pasó a su abuela y lo que se encontrará su madre por la mañana cuando entre en la habitación.



                                                                  
Mil gracias Charo por enriquecer el especial con tu aporte. Espero que coseches muy buenos comentarios e impresiones de nuestros lectores.
A todos ellos, invito a conocer su blog:



7 comentarios :

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

He leído el blog de Charo, conozco algo de su forma de escribir. Y esta es una interesante muestra de su talento. Hay interesante tópico del género. ¿Por que los protagonistas de estas historias suelen recibir el escepticismo de sus padres? Es interesante el personaje de la mujer atractiva de 56 años, que intenta advertir del peligro. Aun inmersa en el terror del que fue victima, lo intenta. Lástima que no logre salvar a la protagonista.
Parecía una historia de vampiros.

Teresa Oteo dijo...

Muy buen relato Charo!
Una historia interesante de las que enganchan y que a mí,particularmente, me encantan, ya lo sabes :)
Me alegra leerte por aquí!
Besos!!

G a b y* dijo...

wow Charo! Realmente la historia te tiene en vilo hasta el punto final. Un relato, que carga tensión, expectación y horror.
Muy buen aporte.
Seguiré recorriendo entradas anteriores, pues estos especiales vienen recargados!
Felicitaciones a todos los que vienen participando y a tí Luis, por el ambiente que has creado aquí.
Besos:
Gaby*

Sindel dijo...

Muy buen relato Charo, se lee de un tirón y genera suspenso en todo momento, el final es espeluznante fiel a tu estilo y perfecto para este especial de octubre ldu.
Un beso enorme.

Alberto V. dijo...

Hola Charo, muy bien contada la historia y visualizadas las escenas. La verdad que consigues que vayamos viendo lo que va ocurriendo a la vez que vamos leyendo. Genial. Un beso grande.

p.d.: Qué mirada más felina tienes en la foto jeje!

Juan Carlos dijo...

Caramba Charo, mira que conocía la historia, pero me ha vuelto a cautivar y me he vuelto a angustiar con ese final, que por cierto, está genial ya que no confirmas la muerte de Lucrecia.
Magnífico montaje, Luis.

Judith dijo...

Oh!! eso estuvo genial xD!!
Cuanta tensión se respiraba en ese ambiente, que desagradable situación, el diablo siempre presente haciendo de las suyas, realmente espeluznante, encanto!!
Besos