miércoles, 23 de octubre de 2013


OCTUBRE EN LDU: Colaboración a cargo de Teresa Oteo Iglesias (relato)



Una colaboración de la autora 

TERESA
OTEO
IGLESIAS
No exagero si os digo que el día que la prueba de embarazo dio positivo fue el mejor y el más feliz de mi vida.
¡Hacía tanto tiempo que lo buscábamos! Después de muchos médicos, pruebas, análisis y tratamientos de fertilidad, por fin sentía que las lágrimas, el dolor y el sufrimiento habían merecido la pena.
Recurrí a Regina movida  por  la desesperación y la fuerza de una mujer que desea ser madre por encima de todas las cosas.
Mi abuela y las ancianas del lugar habían oído hablar de ella desde siempre, la bruja, la llamaban, pero fuera lo que fuese lo que hacía, funcionaba. Los rumores decían que su  magia negra comenzaba donde la ciencia se rendía.
El lugar donde esa hechicera había instalado su dispensario no era agradable y el reconocimiento que me hizo muchísimo menos. Aquel sitio tenía algo que ponía la carne de gallina. Era tétrico, oscuro, atestado de velas, amuletos y objetos extraños  y poco o nada  esterilizado, eso seguro, pero tenía que probar, tenía que quemar mi último cartucho, se trataba de la última posibilidad de fecundar a mi propio hijo.

Regina  era una mujer mayor, pero no parecía tan vieja como decían las habladurías del pueblo; pequeña y contrahecha llevaba el pelo muy negro, recogido en un moño bajo y tenía una forma de hablar seca y cortante que no inspiraba ninguna confianza. Sus ojos, de colores diferentes, uno gris y otro azul, parecían tener vida propia y era imposible saber hacia dónde miraban.
No dejó que mi marido pasara conmigo, le hizo esperar fuera:
_ No quiero hombres pisando mi casa – gruñó entre dientes mientras me guiaba a un pequeño cuarto.
Me pidió que me desnudara de cintura para abajo y  me tumbara sobre aquel  camastro, realmente daba grima, pero intenté relajarme y no pensar en ello.
Palpó mi vientre con fuerza, me hacía daño, contuve  un grito de dolor cuando  introdujo su mano en mi interior mientras murmuraba:
_ Es imposible que engendres, niña, estás seca por dentro, eres un yermo árido, no podrás concebir con ningún varón, pero yo puedo ayudarte, si confías en mí…
_ ¿Qué tengo que hacer? Estoy dispuesta a cualquier cosa, lo que sea.
Te prepararé un ungüento para que te pongas una cataplasma sobre el vientre durante la  próxima luna llena y desde mañana beberás cada noche el brebaje que te daré.
_ ¿Una pócima mágica?- no sé si…
_ Una fórmula magistral, pero tú decides, niña, yo no voy a intentar convencerte de nada, si estás aquí es por algo.
_ Está bien, está bien… lo tomaré, lo haré. – contesté convencida.
_ Necesito una gota de tu sangre y otra de tu marido para elaborarla, los demás ingredientes mejor que no los sepas, de lo que sí debo advertirte es de que tu vida puede verse alterada de alguna forma que no puedo precisar, eso se escapa a mi control, digamos que todos los tratamientos tienen sus efectos secundarios…incluso este.
Al día siguiente a primera hora fui a recoger la poción y por la noche antes de acostarme tomé mi primera dosis.
Poco después la noticia se confirmó: un pequeño embrión se gestaba dentro de mí  y yo irradiaba felicidad. Regina y su tenebroso consultorio habían pasado a un segundo plano en el escenario de mi vida. No volví a pensar en ella.
Aquella alegría no duró mucho, pronto se vio ensombrecida por una terrible desgracia. Comenzaba mi tercer mes de embarazo cuando mi marido moría en un accidente laboral, la caldera que reparaba estalló llevándose por delante media casa y una vida.
Pasamos a ser viuda y huérfano en una fracción de segundo.
Todo cambió. Me sentía sola, abandonada y enfadada con el mundo que parecía haberse confabulado contra mi felicidad.
El embarazo se convirtió entonces en una pesadilla física y psicológica.

 En la ecografía de las veinte semanas los médicos vieron que algo no iba bien, el feto no se estaba desarrollando como debería, les alarmó el tamaño excesivo para su edad gestacional y las malformaciones en sus extremidades, me dijeron que se trataba de algún tipo de alteración genética en los cromosomas y que se desconocía cómo podía evolucionar.
Mi felicidad se transformó en terror; apenas podía conciliar el sueño y las pesadillas eran constantes, en ellas aparecían criaturas terroríficamente demoníacas que se llevaban a mi niño de la cuna mientras yo dormía.
Me despertaba sobresaltada, con taquicardias, llorando y me aferraba a mi abultado vientre que parecía querer abrirse en canal. Y así fue… una noche de octubre, un mes antes de la fecha prevista me puse de parto, no tuve tiempo de llamar a emergencias ni avisar a nadie. Las contracciones eran cada minuto, me obligaban a empujar, el dolor era insoportable, no podía detenerlo más, la cabeza del bebé ya asomaba, así que me tumbé y dejé que la naturaleza o lo que fuese aquello siguiera su curso. La temperatura de la habitación bajó varios grados de repente, la sensación térmica era muy fría y una rara y súbita corriente de aire cerró de golpe las puertas que se encontraban abiertas. Mi cuerpo no paraba de temblar de dolor, de frío y de miedo.
El cielo cubierto por unos negros nubarrones se iluminaba por misteriosas luces como relámpagos que parecían querer partirlo en dos mientras extraños pajarracos negros graznaban estrellándose contra las ventanas de la casa.
Iván nació la noche del 31 de octubre. Tenía un extraño antojo en su espalda, una mancha en la piel,  una especie de símbolo… sabía que lo había visto antes pero el cansancio y la fatiga no permitieron a mi cerebro recordar dónde.

Tres días después regresaba a casa del hospital donde me llevaron para comprobar que todo estaba bien después del alumbramiento.
Mi niño y yo solos comenzábamos una nueva vida. Él era diferente, iba a necesitar mucho a su madre, pero allí me tenía estrechándolo entre mis brazos y me tendría  siempre…

Aquella noche Iván no dejaba de llorar, no había forma de calmarlo, parecía querer  avisarme de que algo iba a pasar, no quería el pecho, ni que lo cogiera en brazos, ni nanas… todo era inútil. De madrugada caí rendida sobre la cama con el bebé en brazos, en algún momento su llanto cesó y ese atronador silencio me despertó: Regina estaba en mi dormitorio, tenía a Iván,  el niño parecía tranquilo y  feliz, esbozaba una enigmática sonrisa.
Estas fueron las últimas palabras que escuché mientras mi vida se desvanecía:

_ Vine a por lo que me pertenece- me dijo con el cuchillo chorreando mi sangre todavía en su mano- Él te llevó hasta mí, yo necesitaba un vientre para engendrar al hijo de mi señor, era su regalo por mis servicios, fuiste la elegida entre muchas,  puedes estar orgullosa, cumpliste con tu misión, ahora yo me encargaré de su cuidado. Por fin tendré el hijo que tanto deseé y que tu Dios me negó.
El mango del cuchillo con el mismo símbolo que el antojo en el cuerpo de Iván quedó grabado en mi pupila para siempre.


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Visiten las vías de promoción de esta fabulosa autora. Muy pronto tendrán noticias muy buenas acerca del
proyecto literario ORBIS VERBUM: un giro de compás.

No se olviden dejar sus comentario, automáticamente están participando del sorteo. Gracias por apoyar este mes especial en LDU.

9 comentarios :

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que historia, Teresa Oteo.
Planteaste un clima para presagiar que no se podía esperar algo bueno de eso. Por el anuncio de efectos no controlados y por lo de la formula con ingredientes no revelados.
¿Terminará ahí la desventura de la protagonista o se convertirá en un fantasma que trate de rescatar a su hijo?

Y reconozco que el título me estuvo intrigando, desde que lo vi en el calendario.

Kramer dijo...

Excelente, Tere!
Y para no perder la costumbre, te repito que te odio.

G a b y* dijo...

Muy buen relato, aunque debería decir espeluznante! De tí Tere, no se podía esperar más, que una historia que nos mantuviera en alerta a cada segundo! Buen aporte para este octubre de miedo!!!
Besos!
Gaby*

Charo dijo...

Los niños y el diablo, qué mala combinación! siempre me ha dado muchísimo miedo(El exorcista,La Semilla del diablo, La profecía). Mantienes muy bien la tensión y aunque te esperas el final, sorprendes con la aparición de la bruja y la muerte de la madre.
Muy bueno!!!como siempre.
Besos

Judith dijo...

WOW!! Realmente alucinante Tere, esta buenisimo, me encanto xD!!
Como dicen todos, has creado todo un ambiente aterrador que se sabe que algo malo va a pasar pero no sabes que. Genial!!
Besos

Teresa Oteo dijo...

Muchas gracias a tod@s por vuestros comentarios!!
Y aprovecho para dar una noticia en exclusiva: este relato formará parte de una antología que estará en descarga gratuita en BUBOK a partir del 31 de Octubre !
Besos!

Ariel dijo...

Hola Teresa, buenos días,
aquí acaba de dar la 1 de la mañana,
y sabes que?
no creo que haya sido una buena idea venir a leer este bonito relato a ésta hora =(

Mamadera...
quien me mandó? jajaja
mira, encima de todo, si hay algo que no me agrada para nada son los partos,
te digo más, con todos los ingredientes que le has agregado imagínate cuan feliz me has hecho =)

Fantástica historia,
sinceramente para aplaudir,
envidio a quien puede escribir una historia sin perder el eje,
es elogiable!

Te deseo un maravilloso viernes
un gran abrazo

LuisBernardo Rodriguez dijo...

Gracias Demiurgo, Kramer, Judith, Gaby, Ariel y Charo por las palabras. Coincido totalmente en que es brutal el nuevo relato de Teresa y me alegro que esté incluido en la nueva edición. Sigan comentando y compartiendo, falta poquito y esta bestia llamada OCTUBRE EN LDU está completando su transformación!!! jeje

Sindel dijo...

Teresa por favor que relato!!! Es estupendo!!! No pude parar ni a respirar mientras lo leía. Una historia fuerte, llena de suspenso, a veces los sueños se pagan muy caro por cumplirlos. La verdad me encantó, te felicito amiga sos una escritora de lujo.
Un beso enorme.